No juzgar
Paciencia
Mente de principiante (abrirse a la experiencia)
Confianza
No luchar
Es una cualidad de la mente que todos podemos desarrollar ya que es una habilidad que es entrenable. Mindfulness supone prestar atención al momento presente dándote cuenta de lo que está ocurriendo aquí y ahora tanto en tu interior (pensamientos, emociones, impulsos, reactividad) y externamente, cómo te está influyendo el entorno en ti, en lo que te ocurre y cómo tu estás impactando en ese entorno y todo ello con una actitud no enjuiciadora y sin etiquetar: esto está bien eso está mal, me gusta, no me gusta, a todo esto nos referimos cuando hablamos de mindfulness.
Quiero destacar una definición formal de mindfulness del profesor Jon Kabat-Zinn: “La conciencia que aparece al prestar atención deliberadamente, en el momento presente y sin juzgar, a cómo se despliega la experiencia momento a momento” Según esta definición es un darse cuenta cuando hacemos uso de la atención, sin embargo, también se entiende por mindfulness el conjunto de técnicas que se utilizan para entrenar la atención, incluso podemos entender el mindfulness como una filosofía de vida.
Aclarado el qué, ahora viene el cómo desarrollar esa cualidad innata en todo ser humano, (prestar atención a nuestras experiencias, sin juzgarlas y con total aceptación y apertura a lo que acontece), la práctica de la meditación mindfulness es el método principal aunque no el único, la premisa común a toda práctica relacionada con la palabra mindfulness debe de dirigirse a la práctica de la atención plena, si bien la palabra atención plena tiene su origen en el budismo, el enfoque de la atención no se asocia a ninguna filosofía, religión o corriente, es por ello que podemos encontrar grandes personajes de la práctica de la atención plena en diferentes culturas. (Santo Tomás de Aquino, María Teresa de Jesús), no puedo dejar de mencionar a Jon Kabat-Zinn, biólogo molecular y catedrático emérito de la Universidad de Massachussets quien creó en 1979 el programa MBSR en el Hospital General de Massachussets para un grupo de pacientes con dolor crónico y aquejados de estres y de lo que no cabe duda, es que el concepto mindfulness se ha colado en centros de salud, universidades, organizaciones empresariales de todo el mundo, gracias a los atractivos beneficios que difunde, los cuales encajan como anillo al dedo en una sociedad que necesita bajar las pulsaciones y aumentar la concentración.
El profesional que gestiona eficazmente, debe de estar también capacitado para gestionar su propio estrés y saber estar en sintonía consigo mismo y con las demandas de su entorno para poder tomar la mejor decisión en cada momento.
La inatención y la multitarea son características de la sociedad moderna. Vivimos en una sociedad en la que lo habitual es realizar múltiples tareas simultáneas como por ejemplo comer y ver la televisión o contestar Whatsapp; caminar y hablar por teléfono. Es lo que se ha denominado multitarea, capacidad de la mente de realizar diferentes actividades aparentemente al mismo tiempo. Realmente no es así, la atención se dirige de forma secuencial, aunque cambiando muy rápidamente a ambas tareas, es decir, vivimos en un estado de atención parcial continua. Los estudios demuestran que las personas no somos mas eficaces en la multitarea, ya que somos más susceptibles a interferencias por estímulos irrelevantes.
El programa que ofrezco lidera tu estrés se explica cómo fomentar tu serenidad apaciguando de forma progresiva la mente y alinearte con ella. A las pocas sesiones te darás cuenta de la eficacia con la que respondes al estrés diario ya que habrás mejorado el proceso neurológico llamado función ejecutiva, la capacidad de organizar tareas, gestionar el tiempo, establecer prioridades y tomar decisiones.
Alguna de las bondades de la atención plena:
Las actitudes ligadas al mindfulness son nueve:
No juzgar
Paciencia
Mente de principiante (abrirse a la experiencia)
Confianza
No luchar
Aceptación
Dejar pasar
Actitud amable hacia uno mismo
Gratitud
Generosidad
Cuando incorporas la práctica como hábito te das cuenta que vivir en atención plena es una forma de estar en el mundo y sientes que ya no estas tanto en el modo HACER y sí en el SER.
Es difícil entender de forma intelectual lo que es el modo SER, que es no fijarse metas, no querer conseguir ningún estado especial. Esto no es fácil cuando se empieza a meditar porque nuestra motivación va ligada a querer conseguir objetivos como estar más tranquilo, desarrollar mayor concentración o disminuir el estrés. Pero cuanto más deseas ese objetivo, más nos alejamos de mindfulness. Por eso al principio de la práctica, es un arte conjugar el modo HACER (ser consciente que tenemos objetivos que están en la base de nuestra motivación para la práctica) pero sin perder contacto con el modo SER (hacernos conscientes de que el objetivo final de mindfulness es la ausencia de metas y objetivos, ya que estos facilitan el diálogo interno continuo).
Gracias a las técnicas de neuroimágen se sabe que la estructura del cerebro se modifica con la práctica de mindfulness, sin importar la edad y eso sucede por la propia neuroplasticidad del cerebro.
Nuestras experiencias repetitivas modelan nuestro cerebro, nuevas conexiones neuronales aparecen y lo que practicamos se vuelve más fuerte y ocurre:
La corteza prefrontal derecha en relación con las emociones negativas sea ansiedad, estrés, depresión, se inhibe y la corteza prefrontal izquierda en relación con las emociones positivas, optimismo, alegría, vitalidad, creatividad, se estimula y se engruesa.
El lóbulo parietal derecho se inhibe, lo que provoca una pérdida del sentido del tiempo/espacio y disolución del yo, creando un sentimiento de unidad y globalidad, las barreras del ego disminuyen.
La amígdala, zona del cerebro de lucha-huida, asociada al miedo, se encoje con la práctica de la atención plena y consecuentemente la corteza prefrontal, asociada a funciones cerebrales superiores como la conciencia, la concentración y la toma de decisiones, se engruesa. La conexión entre la amígdala y el resto del cerebro se vuelve más débil, mientras que las conexiones entre las áreas asociadas con la atención y la concentración se hacen más fuertes.
Activación del sistema parasimpático (sistema nervioso autónomo), nuestro sistema de relajación, opuesto al sistema simpático, relacionado con el estrés y la adrenalina, se inhibe, provocando la desaceleración de la respiración, el ritmo cardíaco y la presión arterial. Alguno de los efectos: sensación de relajación, paz, claridad mental (sistema parasimpático), las emociones negativas se inhiben y las positivas se estimulan, disolución del yo (lóbulo parietal derecho); sentimiento de compasión, unidad y paz mental (lóbulo parietal); sensación de que el tiempo se ha congelado; experiencia directa de la realidad en la que la conceptualización verbal y analítica se inhibe (lóbulo parietal derecho).
El programa que ofrezco lidera tu estrés se explica cómo fomentar tu serenidad apaciguando de forma progresiva la mente y alinearte con ella. A las pocas sesiones te darás cuenta de la eficacia con la que respondes al estrés diario ya que habrás mejorado el proceso neurológico llamado función ejecutiva, la capacidad de organizar tareas, gestionar el tiempo, establecer prioridades y tomar decisiones.
Nuestras experiencias repetitivas modelan nuestro cerebro, nuevas conexiones neuronales aparecen y lo que practicamos se vuelve más fuerte y ocurre:
La corteza prefrontal derecha en relación con las emociones negativas sea ansiedad, estrés, depresión, se inhibe y la corteza prefrontal izquierda en relación con las emociones positivas, optimismo, alegría, vitalidad, creatividad, se estimula y se engruesa.
Resalto el descubrimiento de Sara Lazar que demostró que la práctica de mindfulness puede cambiar la estructura del cerebro. Estudiaron a los participantes de un curso MBSR tras las 8 semanas de entrenamiento y observaron que se produjo un engrosamiento del hipocampo, estructura que cumple un papel fundamental en el aprendizaje y la memoria a la vez que el tamaño de la amígdala disminuye, la responsable del miedo, la ansiedad y el estrés. En la práctica, cuando uno consigue parar ese parloteo, lo que hace la mente dualista (ordinaria) y consigues que ese parloteo no te atrape entonces los hipocampos, los centros de la memoria y el aprendizaje aumentan en volumen. El ruido mental reduce tu capacidad de aprender, tu capacidad de procesar la información, tu capacidad de incorporar nuevas habilidades.
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